Las mejores palabras, estas que contienen de verdad la sinceridad de una boca herida, son sometidas al silencio del terror adormecido, abrazado de la epiglotis sin dejar en paz el trascurso natural del sonido que aguarda el alma impotente. Retumban en el estómago deseosas de libertad, mas son aplastadas por el peso de la racionalidad... de atributos que acometen contra el instinto animal del esclavo ser, creyéndose libre no es más que un cúmulo de reprimendas. En su jaula, de fondo el constante eco de las voces de la cobardía, que delicia sería que estas rozaran el aire y descargaran su maldad contra las inmensas montañas, las cuales cuanto más lejos se encuentren mucho mejor, y así olvidan el acoso a mi sinceridad, posándola en plena templanza para no ser ni escondida ni arrojada al exterior, sino deslizada con total naturaleza.
Mostrar cual es la realidad que agacha la cabeza por vergüenza, sintiendo las collejas de la gruesa mano llamada complejo, pues detrás de la seguridad millones de veces se oculta... Y amar la perfección con su verdadero significado, ya que esta se agazapa hasta entre las más tristes emociones; incluso ahora, con el interior hecho trizas, se aguarda la armonía y se entrelazan las moléculas de la melancolía, creando el dulce vínculo de la amarga belleza que se encuentra en mis pedazos... pues si me siento así, es por un sentimiento limpio, a pesar de que me ahoga sigue siendo puro, y quizás esto sea mi conexión con el loco mundo que muy pocas veces quiero comprender.
Dicha limpieza descansa en lo que callan las comisuras de mis labios, de la confrontación de sensaciones que logro retener en un mero abrazo fugitivo, todo lo que mato en apariencias y lo que goza de vida adentro. Pues en ellas vivo, ya que con ellas siento, aunque sea la vivaz pesadumbre a solas y el embeleso que respiro con tu brisa.
domingo, 21 de marzo de 2010
domingo, 14 de marzo de 2010
El cielo de esta noche
Hoy, tumbada sobre algo de lo que ya he olvidado como se llama, pues ahora, en este preciso momento, el techo se esfuma desdibujando surcos descoloridos en el aire; desaparecen trece pisos como lo hace una pizca de polvo al ser empujado por un pequeño remolino en forma de suspiro, recién salido de una traviesa boca; la brisa del aire libre roza mi piel con suavidad, mas si lo hiciera con crueldad esta misma ni se percataría, pues en mi mente solo se hospedan cábalas que admiran ahora hacia las estrellas presas del inmenso cielo descubierto, tendido sobre el suave manto negro con el brillo propio de la seda. Intento destrenzar el enigma que me prestan tus ojos, que rigen tus palabras... estos torpes dedos solo conocen el enredo.Como mira un niño pequeño, con mirada curiosa, admirando el universo; temblando por la solemnidad y grandeza de este, con la boca entreabierta dibujando en ella "por qué", "cómo"...
Por cada astro que brilla desde lo alto, un secreto encierras, el cual interrumpe mi calma como lo hace el eco de tu absurda risa. Volar entre las moléculas de aquella cabeza, desvelar sus espejos y mirar de una vez cuál es mi reflejo. Obviar que lo se todo nunca fue tan complicado, como lograr rayar La Luna con las uñas. Y que quede claro que me cuesta tanto encajar piezas como nombrar las constelaciones que me muestra el cielo de esta noche.
Por cada astro que brilla desde lo alto, un secreto encierras, el cual interrumpe mi calma como lo hace el eco de tu absurda risa. Volar entre las moléculas de aquella cabeza, desvelar sus espejos y mirar de una vez cuál es mi reflejo. Obviar que lo se todo nunca fue tan complicado, como lograr rayar La Luna con las uñas. Y que quede claro que me cuesta tanto encajar piezas como nombrar las constelaciones que me muestra el cielo de esta noche.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Indiferencia
Bendita indiferencia, te posas en mi frente por mero antojo y cuando realmente eres menester te deslizas con la brevedad de la brisa... dejando a solas a quien muere por la aflicción de un todo introducido en el pecho, surgiendo de ahí dolor que no quise nunca volver a sentir. Requiero otra vez tu presencia, tan solo tu compañía más la deseada soledad, pues si tu estás a mi merced tan solo es esencial mi propia piel. Añoranza se resbala en mi espalda como signo de escalofrío recordando que un día no hubo más nadie que tú y yo... aunque nos estrechaba con sus brazos el oscuro halo de la autocompasión y de la tremenda depresión. Y aparecía, sin embargo, la templanza, cuyo origen provenía de la ausencia de prescindibles. No tolero conjunto estrecho, mi cuerpo se escurre entre sus dedos, deslizándome, huyendo con respiración entrecortada por el tijerazo del miedo. Mátame indiferencia, antes de que lo haga el estruendo de mi pesar sujeto a mi esternón, acaba con el ser social... no deseo ser más que huraña en compartir mi aire y espacio.
lunes, 22 de febrero de 2010
Bóveda marítima
El mar cierne tantos misterios... solo conocidos por unos pocos, aquellos que no entienden el agua salada, que por más empeño implicado aún siguen siendo de agua dulce. Misterios que tan solo son vistos por los ojos de quien no respira el mismo oxígeno, para quienes la brisa más corriente quema las escamas. ¿Nadar? intentan andar por la blanduzca superficie cristalina, pero quién puede caminar sobre agua... procura lograrlo el que como finalidad tiene la perfección, un total control de litros y litros de lágrimas del cielo. Pero tan solo son un lingote de hierro oxidado hacia la deriva, se hunden, tragan arena... pues el peso de sus almas, de su espíritu calcinado por el aire, pesa más que cualquier roca perdida en la bóveda marítima. No fluyen, no olvidan su equilibrio entre el suave azote de las olas. Estos que no tienen lugar, que envidian la libertad de la gaviota que sobrevuela el pequeño infierno mojado, que no comparten la fluidez de aquellos que flotan en la superficie y que tampoco comprenden a quienes habitan en los lares más profundos. Atraídos por la contracorriente, cuya bella soledad a veces es más suculenta que cualquier multitud absurda. El fulgor de algún faro puede iluminar, pero incluso esto daña a aquellos, puesto que son pobres criaturas en las cuales sus extremidades son pequeñas prolongaciones que no superan el fuerte golpe del viento al chocar con océano, y ni siquiera son capaces de rozar su fuente luminiscente ni el simple segundo que tarda una gota en dividirse, deformarse y unirse en el instante que es golpeada contra el suelo.
lunes, 15 de febrero de 2010
Olvidar que vives
Túmbate sobre el suelo. Ignora el frío tacto de tu espalda desnuda contra este. No escuches, que hasta el máximo silencio sea molesto para tu oídos y vétalo. Desconecta la consciencia. Estáte despierto, pero sin pensar ni tan solo un segundo. Inspira, espira. Aléjate lentamente de la realidad. Ya solo quedas tú.
El sonido de los coches al pasar rasgando el aire, el constante girar de las aspas del ventilador, voces a lo lejos propias de bocas barriobajeras, la suave brisa colándose por una pequeña rendija de la ventana. Todo se convierte en nada, niebla blanquecina rodeando tu cuerpo sin ropa ni ninguna atadura que atrape los poros de tu piel, tendido en una superficie que ya ni tiene forma ni tacto, pues para ti ya no existe. Obtén una pizca de oxígeno y expúlsalo de forma que esta huya y desaparezca de tu ya escasa vista. Miedo al presente, inseguridad debida al pasado y un todavía no lo siento, pero temo sentirlo en un futuro se esfuman consumiéndose al igual que toda la existencia. Tu cuerpo se ha derretido y ha desaparecido, mas ya solo queda la calma, pues ni esta conserva significado en lo que ahora es un templo de aire inexistente.
Que bello es olvidar que vives y que formas parte del caos arremolinado en pensamientos que corren de un lado a otro sin saber a donde dirigirse. Difícil lograrlo cuando oyes en la cercanía, o ya lejanía, como la inmensa masa de realidad aporrea tu puerta con impaciencia. Pero tan fácil simplemente escribirlo y con ello saborear por un instante ápices de no saborear absolutamente nada.
El sonido de los coches al pasar rasgando el aire, el constante girar de las aspas del ventilador, voces a lo lejos propias de bocas barriobajeras, la suave brisa colándose por una pequeña rendija de la ventana. Todo se convierte en nada, niebla blanquecina rodeando tu cuerpo sin ropa ni ninguna atadura que atrape los poros de tu piel, tendido en una superficie que ya ni tiene forma ni tacto, pues para ti ya no existe. Obtén una pizca de oxígeno y expúlsalo de forma que esta huya y desaparezca de tu ya escasa vista. Miedo al presente, inseguridad debida al pasado y un todavía no lo siento, pero temo sentirlo en un futuro se esfuman consumiéndose al igual que toda la existencia. Tu cuerpo se ha derretido y ha desaparecido, mas ya solo queda la calma, pues ni esta conserva significado en lo que ahora es un templo de aire inexistente.
Que bello es olvidar que vives y que formas parte del caos arremolinado en pensamientos que corren de un lado a otro sin saber a donde dirigirse. Difícil lograrlo cuando oyes en la cercanía, o ya lejanía, como la inmensa masa de realidad aporrea tu puerta con impaciencia. Pero tan fácil simplemente escribirlo y con ello saborear por un instante ápices de no saborear absolutamente nada.
sábado, 13 de febrero de 2010
Utopía nocturna
Una mueca pálida suspira esperando la partida del reencuentro, con la esperanza de comenzar de nuevo. Anoche soñó. El mero hecho de trenzar fantasía con imitada realidad empuja la cabeza a recordar polvorientos entresijos de deseos anteriores, que aguardaban con ojos ansiosos su oportunidad de lograr introducir dulce exquisitez en la médula de la dueña. La miel en los labios, suele decirse. Navega por el inmenso mar de la surrealidad, aprovechando la negligente vigilia de dos ojos dormidos. Ahógate en ficticias posibilidades. Solo quedará la espuma tumbada sobre cálida arena, ensuciándola. La armonía de quien descansa de experiencias pasadas se topa con un simple sueño. Falsa simplicidad es, pues se sellan en la espalda del párpado antiguas ansias y cada vez que se cierran besan el iris con presuntuosidad, atormentando. Agria comparación con la fortuna de aquel momento soñoliento de puras falacias y la insignificante dicha real. Utopía nocturna que embelesa la inconsciencia, que abandonarás. Y encaminarse hacia donde los acontecimientos acuden al presente en contra del antojo.
domingo, 31 de enero de 2010
Permanezco en el juego.
Pues ni tengo futuro, dudo en medio de la ambigüedad presente y niego cada vez que vomito pasado. Me trago los dados de este maldito destino. Terco destino. Las fichas siguen moviéndose en el tablero, al compás del latido cansado de un asfixiado corazón. Este, único cómplice de como se atragantan acontecimientos surcando como espinas la blanda carne de garganta. Muy a mi pesar los adoro. Muy a mi pesar son punto de apoyo. Me salto las casillas que más temor causan. Cada hueso sujeto en el miserable esqueleto tambalea su equilibrio al mencionar la palabra muda, vetada de voz como castigo que aún así resuena, cabalgando el eco, golpeando la muralla. Hago trampa con descaro. Secuestro en mi amarga manga las cartas que no me interesan.
Si la broma pesada llamada vida no provoca ninguna carcajada entre la maraña del silencioso tedio. Sabiendo que el simple hecho de respirar ya es suficiente doloroso, cuando esto conviene seguir sufriendo al mirar la negra estela prófuga causada por la rapidez con la que gira la inmensa bóveda, intentando hacerlo con indiferencia. Pero siempre en vano. Siempre sobresalta el brillo de una pequeña luz enredada en el nocturno hilado luminiscente. Es evidente que fallo como persona. Evadiéndome de rituales típicos. Dime, entonces, siendo una vulgar farsante y tropezando para luego saltar las reglas en ningún lugar escritas. Cómo, aún así, permanezco en el juego. Cómo aún tengo el balón sobre las manos.
Si real fuera la existencia de aquel que fija su mirada desde arriba, yo no habría tardado en desaparecer de esto propiamente calificado de infierno. Huir del cuerpo que con crueldad encierra la complejidad de una mente que golpea y grita aprisionada en el cerebro bajo la vigilancia del cráneo y el adorno del cabello. Simplemente abrazar la sencillez de marcharse y ocultarse en medio de la nada. Sin más nada que decir ni pensar. La carencia de sufrir acarrea también la de no sentir. Descansar del tormento sin volver a contemplar nada que este relacionado con la realidad. Cerrar los ojos sin más y no volver a despertar. Oye el silencio de quien ya no existe y admira lo que es para mí el cielo.
Si la broma pesada llamada vida no provoca ninguna carcajada entre la maraña del silencioso tedio. Sabiendo que el simple hecho de respirar ya es suficiente doloroso, cuando esto conviene seguir sufriendo al mirar la negra estela prófuga causada por la rapidez con la que gira la inmensa bóveda, intentando hacerlo con indiferencia. Pero siempre en vano. Siempre sobresalta el brillo de una pequeña luz enredada en el nocturno hilado luminiscente. Es evidente que fallo como persona. Evadiéndome de rituales típicos. Dime, entonces, siendo una vulgar farsante y tropezando para luego saltar las reglas en ningún lugar escritas. Cómo, aún así, permanezco en el juego. Cómo aún tengo el balón sobre las manos.
Si real fuera la existencia de aquel que fija su mirada desde arriba, yo no habría tardado en desaparecer de esto propiamente calificado de infierno. Huir del cuerpo que con crueldad encierra la complejidad de una mente que golpea y grita aprisionada en el cerebro bajo la vigilancia del cráneo y el adorno del cabello. Simplemente abrazar la sencillez de marcharse y ocultarse en medio de la nada. Sin más nada que decir ni pensar. La carencia de sufrir acarrea también la de no sentir. Descansar del tormento sin volver a contemplar nada que este relacionado con la realidad. Cerrar los ojos sin más y no volver a despertar. Oye el silencio de quien ya no existe y admira lo que es para mí el cielo.
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