lunes, 13 de diciembre de 2010

El añejo lobo y la joven.


Los mensajes de papel arden en incienso, desprendiendo el aliento de alguna hoja caduca. Enfurece su tallo maldiciendo el tiempo: el paso de los meses y el frío. No amainará el terrible roce del suelo y el ensordecedor sonido de plegarias, de las almas que ahora vagan solas, en este paraje, donde abunda lo invisible. Va la niebla, el vaho de lo vivido, de lo inhalado... lo que un día fue nuestro, cobijado en pulmones recibiendo el calor propio de la hierba de un rey.

El miedo a caer y ser arrasado por la lava.


Crujen con el pisar bípedo cadáveres que un día fueron fruto de la sabia, siguiendo los pasos de una bestia, cuyas patas abandonan tras ellas un rojizo río de gusto férreo. Escuchaba las plegarias de la joven, pero el añejo lobo, no se detuvo. Quiso no comprender el idioma y se limitó a fijar la mirada en la nada, convencido de que no amparaba razón en la terca estrechez de su cráneo.


-Si no desea oír mis oraciones, callaré... Sé, pues, que lo odiará. Podrá dar a entender que usted no padece la sentencia de mis labios... pero son tan suyos como míos.


Las palabras mencionadas resonaban con aparente ausencia y la sensación de que se negaban a refugiarse en la frialdad del animal. No pestañeó ni un segundo ni torció un instante sus ojos. Era una deidad en la región, respetado y temido, y como tal se comportaba


-No me engaña la falacia de su indiferencia ni de su autoridad. Sí, he temblado con su presencia más de una vez, pero sabe bien que no soy campesinado estúpido. Soy tan usted como usted mismo, en cambio no es ni una milésima de mí.


El añejo frunció el hocico, mas no hizo más nada que eso. Tan solo un gesto que agrietaba la distancia, demostrando que lograba descifrar su lenguaje.


-¿Está usted, señor, seguro que prefiere mi silencio? Si de aquí yo desaparezco, si mi voz se desvanece, ¿qué le quedará?. Cuando destruya la tierra que me vio aparecer, cuando mi sangre sea otro surco más que tan solo usted recordará, cuando la luna le dedique su ira bajo la mirada triste de las estrellas... solo su respiración reinará el aire, y presagio con seguridad que querrá que también esta desaparezca... Ahora, bien, ignórame pues...


Giró su orgulloso cuello con fiereza con el fin de asustar a su futura presa, pero tras él no se encontraba ni una milésima de vida. Observó el follaje carbonizado, el azufre levitando en la fría brisa, el estruendo del rojo postrado en el suelo... Sus cuencas se ensancharon a la vez que la muerte se cernía en el paisaje. Viró hacia delante su cabeza, cuando su asombro fue interrumpido por las palabras de la chica.


-No logrará alcanzarme, conozco con desmesura sus movimientos. Y, ahora, que avista su desastre, es hora de regresar a mí, pequeño. De volver a ser uno. Tan solo eres un cachorro que, asustado y endeble, busca el calor de la soledad. Te refugiaste ya una vez en mi cálido vientre, hijo mío. Volvamos a ser uno...

lunes, 9 de agosto de 2010

Recuerdo que olvido


Olvido que se me olvida con facilidad la capacidad de los demás para tanto sufrir como amar. Se me olvida, y acabo subjetiva y sola como cualquier vagabundo olvidado en la más fría calle, mirando a transeúntes recorrer rápidos el asfalto, tan veloces que son fugaces y difusos sobre el lienzo que parte desde la egocentricidad de mi ojos. Y bebiendo del vino más barato que encuentre, lamentándome en el reflejo de algún sucio charco, ni el llanto de los gatos se me antoja melancólico. Olvido que tengo hogar y en esta acera solo encontrada bajo mis pies alcanzo el sueño... y la muerte. No obstante, no soy común, pues no deseo ni soporto nunca limosna de nadie, ni aguanto la compañía de ningún perro acompañante. Huyo del fulgor de las farolas y resguardo el gesto de mi rostro en la más inexpresiva oscuridad. Olvido que soy gente, que no soy la única que encuentra pesar con las ocurrencias del tiempo y de la vida.

Y recuerdo, de vez en cuando, que entre el gentío no es mi pulso el único que resuena, que no es tan solo mi propio eco el que escucho. Vuelvo a mi hogar, pues recuerdo, y te encuentro. Olvidé que en mi partida te dejé olvidado. Olvidando que, mientras yo sufría la lluvia, tu te ahogabas con la misma tempestad. Que mi ignorancia alimenta mis temores y causa los tuyos. Recordando que más que triste vagabundo, soy acaudalada del capital de tu mirada y la fortuna de tu sonrisa. Que sientes como yo... y que a veces lo olvido.

miércoles, 28 de julio de 2010

El idioma de los lobos



Algún lobo murió no muy lejos de aquí e inexplicablemente volvió a nacer en el corazón de un ser humano. Aunque el idioma que transmitía su cerebro continuaba siendo el de los lobos, había logrado poseer un alma en su pecho, pues ahora se suponía que formaba parte del clan de las personas. Aquel fenómeno supuso grandes confrontaciones internas dentro del peculiar cuerpo. Ya que, al hablar dos idiomas totalmente diferentes, nunca lograban una relación amena entre ellos. Las miradas de odio que se dedicaban ardían en las entrañas, pues ahora también tenía entrañas.

Antes la sangre era hermana del agua, totalmente natural cuando debía descuartizar con la fuerza de sus mandíbulas y garras a algún pobre animal, ahora el color y olor de esta le provocaba repudio.

Estas no fueron la únicas transformaciones que sufrió el condenado híbrido. Su piel ya no estaba cubierta de pelo y el frío helaba como nunca. Sus dientes ya no eran afilados ni su mandíbula fuerte, por lo que una sensación de fragilidad se había cobijado dentro de él, sintiéndose un ser indefenso. Sus ágiles y rápidas patas habían sido sustituidas por dos torpes piernas, huir era demasiado difícil. Y vosotros, simples humanos, no podéis llegar a comprender el alivio que produce aguardar la posibilidad de la huida.

No obstante, hubo un cambio que se le antojaba a la anterior bestia agradable. Sobrevivir en su antigua hábitat era complicado, aunque gozaba de una inmensa libertad, pero un lobo solitario nunca sabe con quién compartirla. Ahora dormía en un confortable colchón, disfrutaba del calor que desprendía una chimenea y podía compartir su libertad humana. Amaba tener un hogar.

Pero todo, absolutamente todo, conlleva inconvenientes. Y es que en el fondo continuaba siendo un animal salvaje. Un animal salvaje que aún no conocía con profundidad el clan de las personas, por lo tanto temía y desconfiaba de ellas. Al no ser como los demás, no ser totalmente puro, resultaba muy fácil ser descubierto y expulsado. Pues quién quiere a alguien que permanece en una especie de limbo, en un desequilibrio continuo entre el lobo y el humano. Para él bajar la guardia era un lujo que no debía permitirse, puesto que ser desterrado supondría una muerte dolorosa para su alma, la cual sería cruelmente devorada por el hambriento lobo. Así morir de nuevo y renacer de vuelta a la fría y húmeda tierra que lo vio nacer un día.

"Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas."
Lobo Estepario

domingo, 25 de julio de 2010

Pequeña improvisación


Es verdad que ya no me inspiro y que apenas escribo. Vendí lo poco que tenía por una sonrisa real y el sonido de un pálpito que pudiera retumbar hasta las costillas. A las tuyas y a las mías. Es cierto que entregué mi alma a la vida, y esta es tan sencilla que para entenderla solo hay que vivirla. Que debajo de la cama las pelusas acompañan. El ser humano, ser de costumbres y hasta de la oscuridad se adapta como un estúpido conformista que malgasta. Derrocha cada pulso y cada bocanada de aire que recogen sus pulmones. Ennegrecidos de aquel humo que expulsan tubos de escape y alcantarillas, pues el pecho se agazapa a ras de la acera y no con los pies sobre ella. Que sí, que así es cuando más se escribe, cuando el corazón tose y los pulmones se arrojan hacia el asfalto. Prefiero ser artista de la vida, escuchar que me murmulla y admirar el revoloteo coqueto del vuelo de su falda cuando el aire se entromete atrevido entre sus piernas, que serlo sobre un papel. Él nada me cuenta, se queda callado y escucha los sollozos que plasmo sobre él. Y es que ahora no quiero que me escuchen. Que mi boca esta cansada de hablar y hablar, pues el silencio salpicado de lamentos ya solo me provoca bostezos...

jueves, 8 de julio de 2010

Extremo


No hay director de orquesta cuya aguda agilidad domine las notas descoordinadas del afán de aquel pulso. Retumba hasta el oído, ardiente, fuerte. Intimidante como la fija mirada de un salvaje frente su presa a segundos de abalanzarse hacia a ella. Fijo e inquebrantable como su lanza atravesando el aire.No hayas alma cobarde cobijada, no, coronando el pecho con gesto de orgullo, ella siente con la fuerza de la mandíbula de cualquier fiera. Ni es común ni razonable aquel que goza de emociones que un corazón menguante no puede comprender. Aquí si llueve es con fuerza, y el sol aprieta cuando amaina. Si osas adentrarte en esta selva, cual flora brilla con vida propia y el sonido de la fauna retumba en cada roca, en cada montaña o en la corteza de los arboles, ruda y constante indicando que ella es libre y no conoce ninguna dichosa civilización. Escucha: No se admiten sensaciones leves. El equilibrio no es un susurro abatido en el centro, sino un rugido sobre el dominio de cada extremo.

domingo, 20 de junio de 2010

La Playa


Danzaba lenta, sin prisas. Seductura, desnuda, supuse que sabía que la estaba observando... pero, aun así, continuó. Sujeta al discreto hilo gravitatorio del Sol y la Luna prosiguió. La piel se erizó y la sangre bombeó estremecida al sentir su frío tacto sobre mí. Húmeda y atrevida serpenteaba hacia mi débil figura, cuya sombra ya descansaba bajo su ombligo en la arena.Y clavó su mirada en mí como tan solo ella sabe hacerlo... como solo sabe la marea.

Retiré mi pie de la juguetona espuma, ante mi rechazo, esta descendió ofendida hacia los brazos de la orilla. Lo siento, si esperabas despertar en mí celos.

Basta. Si estaba ahí no era para entrelazar absurdos sueños derpierto, aunque no recuerdo porque mi mente optó rápida y convencida en acudir aquí. Tuvo que haber alguna razón. Todo, absolutamente todo, tiene algún sentido o significado. Los griegos lo llamaron Logos. El ordén está estrictamente comprometido con el Universo. Supongo que he llegado aquí recapacitando sobre mi vacío, aquella Luna llena que duerme en mi estómago cada noche. No comprendo: ¿Qué es lo que falla?. No logro encontrar argumento ni teoría que encaje con tal síntoma. Solo sé que siento que ya no sé nada... y el ser humano sin saber, es un cadáver que aún respira.

-Bonito atardecer este ¿verdad?. Oh, cierto... tal vez no esté atardeciendo. ¿Qué hora es? bah, déjalo, no contestes. Qué más da, tan solo son números. Una vida no está repleta de horas, días, semanas y meses ¿sabes?. ¿Puedes sentir las 3 menos cuarto? !No, claro que no¡ Nada que reciba nombre por la necesidad de ser definido o recordado forma parte de la vida. Aunque, no te confundas... muchas veces se les pone nombre inecesariamente a lo que realmente es necesario. En ocasiones, siempre hay algún estúpido crea-títulos que etiqueta, por ejemplo, al Amor como amor. Convencidos de sus conocimientos y habilidades astronómicos, políticos, literarios... Y lo que aún no han alcanzado a descubrir es que lo desconocen todo...

>>Pero, bueno, qué te voy a contar: tú estas aquí, en la playa, tendido sobre la cálida arena y gozando del dulce -aunque muchos digan salado- aroma del mar. Estás siendo consciente de la belleza que se expande partiendo de tus ojos hacia el horizonte, y sé que te gusta. Tú eres de los míos... Espera, ¿por qué me miras así? ¿A caso dudas de ello?. Bien, entiendo, aún te preguntas porque estás aquí. Supongo que buscas una respuesta, y ésta está en no hacerse preguntas tan obvias como esa. No castigues a tu cerebro por soñar despierto. Deja de razonar tus sueños y comienza a vivirlos. Porque aquello que compone a la vida tiene su lugar de origen en el instinto y en el subconsciente. El ser humano sin sentir es un cadáver que aún respira. Siempre has permanecido en esta playa. Y esta voz nunca existió, tan solo para tu cabeza... esta cabeza a la que recurres demasiado.

Marea, sí, despertaste celos en mí. La envidia acudió a mí al ver la gracia y libertad que derrochas fluyendo despreocupada, con el roce eterno del reflejo del cielo sobre ti.

viernes, 11 de junio de 2010

Antes de dormir


Antes de dormir ya no se realizan teoremas con las estrellas, aquellas que, prisioneras del cosmos, gritaban discretas un silencio obvio. En esta guarida de anarquía donde no rige la razón ni gesto indiferente. No se somete al cohibido, pues este es libre, es impulso, es improvisación. Es soberano propio y súbdito de escalofríos, pestañeos y bostezos no reprimidos. Del alboroto entrometido entre latidos descompasados, carecidos de orden, partitura y director, mas no por ello no se logra dar a luz una pegadiza sinfonía sujeta y aferrada a cada poro de la piel. Qué más dará si la escuchas o la ignoras, si agazapada tu oreja en su torso reconoces su destiempo y prisa, además de su porqué. Es desenvoltura y despreocupación sobre un vaivén de viejas injurias envueltas en un cerebro de semblante serio y retorcido, cuello erguido, cabeza alta y pecho huérfano sin alma. Pues esta es antojo, es niña, es transparencia. Es antes de dormir, tontería y locura, una razón de ser y la lógica que sirve tu tez. Ya que es justo en este momento, con párpados perezosos y tímida respiración, cuando los últimos murmullos de la noche son dedicados a cada mechón de pelo, cada palabra y recuerdo.

Nunca fue tan dulce el exilio de la cordura.